miércoles, 7 de mayo de 2008

El legado de Milton Friedman

Desde que vino a Chile en 1975, y que al año siguiente recibiera el Premio Nobel de Economía, Milton Friedman se convirtió en un mito para el mundo, y especialmente para los chilenos. Aquí, la voz de cinco protagonistas de esos años, que lo conocieron y que fueron testigos –y algunos artífices– de la aplicación de sus principios en los cimientos de nuestra economía.

Por: María Olivia Browne / Fotos: Ronny Belmar

"Con Friedman me saqué puras 'C'"

"En el Banco Central, donde trabajaba, había gente que no quería que yo fuera a Chicago, por lo que puse esa opción, que era la que yo quería, en sexto lugar. Y quedé", recuerda con el humor que lo caracteriza este economista de la Chile, quien partió a Estados Unidos en 1966 a sacar su máster. Allá, tomó "Teoría Monetaria" con Friedman, a quien recuerda como "el profesor más importante de la facultad, pero lejano de los estudiantes. Tenía la imagen típica del judío comerciante: bajito, gordito, pelado y andaba siempre con un maletín enorme. Cuando subía al estrado, cambiaba: se ponía a hablar, razonar y a comunicarse con facilidad con los estudiantes. Iba mucha gente a escuchar sus clases, logrando audiencias de más de cien personas". Al preguntarle por su rendimiento en ese curso, confiesa: "Me sacaba puras 'C', que son notas intermedias".

Al abordar la influencia de Friedman en nuestra economía, este ex presidente del Banco Central –entre los años 77 y 81– insiste con su tesis de que él no conocía Chile, "ni siquiera sabía dónde quedaba antes de que viniera, invitado por Javier Vial y Rolf Lüders. Esa fue su primera conexión formal con el país y luego volvió". En una de esas ocasiones, le tocó conversar con él: "Yo era vicepresidente del Banco Central, y recuerdo que al saludarlo, alguien dijo: 'Y además escribe en los diarios'. Entonces, él me preguntó: '¿Es periodista'. Y le respondí: 'No, soy economista, estudié en la Chile y luego en Chicago'. Pero me dijo: '¿Cuánto gana escribiendo? ¿Más que en el Banco Central?'. Yo le respondí: 'Creo que saco un poco más escribiendo artículos'. A lo que él respondió: '¡Ah, entonces es un periodista'. Esa respuesta representa la aproximación empírica pragmática que tienen los economistas de Chicago: ¿Cuánto vale usted? Lo que es lógico...".

Según Bardón, Friedman siempre decía que cuando se introduce libertad económica, terminarás con libertad política. "Y así como pasó en España y en Chile, hoy también está pasando en China, la que va a terminar siendo capitalista".

En nuestro país, dice, el ideario Chicago-Friedman se ha mantenido: ya nadie discute que la economía debe ser abierta, se respeta la propiedad y el Estado mantiene un rol menor que el histórico.

lunes, 5 de mayo de 2008

Aparición en TV de Álvaro Bardón


Propiedad privada y medio ambiente

Ya veíamos que, para preservar el medio ambiente y los recursos naturales, es indispensable el desarrollo productivo rápido, porque al aumentar el ingreso de las personas, éstas dejan de depredar e, incluso, invierten parte de sus ingresos en dicha preservación. Y agregábamos que el desarrollo se logra sólo con capitalismo y que, por lo tanto, éste es el sistema correcto para preservar el medio ambiente. La depredación de éste en las naciones europeas bajo el comunismo es ya bastante conocida.

Un elemento central en todo esto son los derechos de propiedad, y se puede decir que ellos cuidan el medio ambiente, al revés del comunitarismo, la propiedad común y el colectivismo, en los que no hay dueños y, por lo tanto, no hay quien cuide los recursos. Es lo que llaman "la tragedia de los comunes", que afirma que todos los jardines, lagos, tierras, bosques, animales, minas o lo que sea tenderán a deteriorarse si no hay a su cargo un propietario que los cuide.

Los jardines públicos, parques y campos deportivos en Chile viven generalmente en persistente abandono, llenos de mugre y basura, algo que no ocurre con los privados. Un cuadro similar se observa en las playas, que al ser "de todos los chilenos" no son de nadie y, por lo tanto, no se cuidan, presentando un pobre y sucio aspecto, que contrasta con las playas de balnearios y lagos ligados a las grandes cadenas de hoteles, en el Caribe, Mónaco y otros lugares de gran tradición turística.

Si en Chile quisiéramos cuidar las orillas de lago y las playas, así como tierras y bosques, habría que generar más derechos de propiedad.
La preservación de especies vegetales y animales se garantiza mejor cuando hay claros derechos de propiedad, en contraste con la propiedad común, que incentiva la depredación.


La propiedad común -es decir, estatal- de bosques, tierras y animales no incentiva su cuidado y fomenta su mal uso y depredación. Así, en los países de África que han permitido la propiedad privada de elefantes, la población de éstos ha aumentado porque es un buen negocio para sus dueños, lo que no ocurre en los parques nacionales, que son depredados por variados ladrones interesados en el marfil. En Nueva Zelandia, la notable industria de la carne de ciervo tuvo un espectacular desarrollo desde que se generó la propiedad de estos animales, que antes configuraban una plaga que molestaba a toda la comunidad.

La preservación de especies vegetales y animales se garantiza mejor cuando hay claros derechos de propiedad, en contraste con la propiedad común, que incentiva la depredación. Es lo que ya comienza a observarse en las tierras entregadas a los araucanos en propiedad común, política que, finalmente, se traducirá en mala explotación y abandono de los recursos, junto a un aumento de la pobreza.

Extender los derechos de propiedad lleva a más libertad, progreso y buen uso de los recursos naturales, bosques, tierras, mar y demás. Dichos derechos compatibilizan el desarrollo y la preservación, lo cual no ocurre cuando la propiedad es estatal. El insistir en ésta, así como en la no explotación de los recursos naturales, carece de lógica y parece responder a posturas ideológico-panteístas de adoración de la naturaleza, junto con un repudio a la presencia de los seres humanos, a los que se mira como los responsables del deterioro del planeta "único", que habría que cuidar, incluso forzando la reducción del tamaño de la población, algo que no tiene sentido, porque el desarrollo limpio y que cuida de los recursos naturales y el planeta es algo perfectamente factible, a partir de las instituciones e incentivos cristianos clásicos, pro crecimiento, ligados a la propiedad y la libertad.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Capitalismo y medio ambiente

El interés por preservar y cuidar los recursos naturales, el paisaje, el ambiente limpio, etcétera, aparece, crece y se desarrolla con rapidez a la par del mejoramiento del ingreso y el nivel de vida de la gente. Cuando ésta es pobre y se encuentra a niveles de subsistencia, con hambrunas y variadas insatisfacciones, no aprecia la calidad del medio ambiente. Éste es una especie de bien superior, que se demanda mucho más en la medida en que mejora el nivel de ingreso. Los pobres están más preocupados de sobrevivir, recolectar y aun depredar para alimentar a los hijos, antes que pasar frío contemplando el bosque nativo.

Por lo tanto, si usted está verdaderamente interesado en el cuidado del medio ambiente, lo primero es velar por un rápido desarrollo productivo, que aumente el ingreso de los pobres y los haga incorporar en su demanda este bien superior medioambiental. Así que no les crea más a los medioambientalistas fanáticos y "progresistas" que aparecen a cada rato saboteando procesos productivos, la inversión y la incorporación de nuevos recursos naturales, bosques, islas y demás que aumentan el empleo e ingreso de los pobres. Es, precisamente, ese mejor nivel de vida el que llevará a las personas a valorar el medio ambiente, la limpieza y la mejor calidad de vida, algo que no se puede exigir a quienes viven en niveles de subsistencia, con hijos hambrientos.

Ahora bien, ¿bajo qué modalidad de organización económica, social y política los pueblos han logrado aumentar su ingreso y nivel de vida, de manera indefinida y, como resultado de ello, la calidad del medio ambiente? Obviamente, con el capitalismo liberal, abierto y competitivo, basado en el respeto de los derechos personales, comenzando por el de propiedad.

¿No se han dado cuenta de que los ambientes más limpios y de mayor belleza compatibles con amplias poblaciones se dan en Norteamérica, Europa Occidental, Oceanía y algo en América Latina y el Asia que comenzó a crecer?

¿No ha leído respecto de la mugre masiva de las ciudades, ríos, lagos, casas, hoteles, campo y calles en los países y ciudades que fueron o son comunistas? En esto del cuidado y limpieza del medio ambiente -así como antes con las tasas de inversión y el nivel de desarrollo-, los socialistas siempre critican con desparpajo las fallas del capitalismo, pero nunca han reconocido nada de su reiterado fracaso, que insisten en vendernos a los chilenos. Y así, en colusión con los ambientalistas y variados idiotismos locales, están logrando bajar nuestra tasa de crecimiento, la posibilidad de llegar a ser desarrollados... y gozar de un mejor medio ambiente.

Las fórmulas de planificación central no sirven -observe el Transanlagos-, así como tampoco las clásicas recetas chilenas de legislarlo todo y colocar reglamentos e inspectores caros e inútiles, que sólo dificultan el desarrollo, en especial de los grupos medios y populares.

¿Cuánto más creceríamos si se hiciera una ley ambiental más liberal, con sistemas de seguros y arbitrajes expeditos? ¿Y cuánto mejoraría el medio ambiente con el aumento del ingreso de los más pobres, lo que automáticamente los sacaría de la depredación? ¿Y cuánto más si extendiéramos la propiedad privada? ¿Cuánto ingreso, empleos e inversión hemos perdido por una legislación ambiental inadecuada?

viernes, 18 de enero de 2008

Yo no soy esclavo de nadie

De la piel para adentro empieza mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que pueda o no cruzar esa frontera. Soy un Estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines políticos de cualquier país.

Estas palabras de un autor anónimo de seguro interpretan a este economista sesentón, flaco y rápido con la palabra, que no ha tenido empacho para llevar su liberalismo al extremo de uno de los terrenos más "políticamente incorrectos" en nuestro país: postular la legalización de todas las drogas. Ni siquiera lo ha trabado el ser decano de Ingeniería Comercial de la Universidad Finis Terrae, lo suyo es puro liberalismo, económico y filosófico. -En primer año de economía, y en la tercera clase, te enseñan que cuando un mercado deja de ser libre, surge uno paralelo, que es negro, mafioso, siniestro. Ahí mismo aparecen los traficantes, lo que genera una situación que vuelve inútil cualquier acción represiva. La lucha contra la droga centrada en la prohibición y en la persecución ha fracasado por eso, y seguirá haciéndolo. Hay al menos cinco premios Nobel en Economía que sostienen lo mismo que yo, incluido Milton Friedman, James Buchanan y Gary Becker.

Acá en Chile, todos los economistas lo saben, pero no hay ni uno que se atreva a decirlo, porque la pelotudez colectiva nos lleva a imitar todo lo que hace Estados Unidos. Barden fuma como chino y reconoce que es adicto a la nicotina, "aunque nadie me persigue por ello". Y recuerda las desastrosas consecuencias de la Ley Seca en Estados Unidos. "Tal como entonces la gente se envenenaba tomando los más espúreos bebedizos artesanales, hoy los patios de las universidades están lleno de cabros fumando pitos de la peor clase, absolutamente tóxicos", reflexiona. Y analiza "la tozudez de los gringos": -La lucha contra la droga ha sido un fracaso estrepitoso, pero ellos no cejan y ahora están invadiendo Colombia con miles de marines disfrazados de expertos, que luego entrarán a Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú, con el pretexto de combatir a los narcos, con lo que terminarán por convertir a Sudamérica en un segundo Vietnam.

El economista propone actuar sobre la demanda. Es decir, convencer a la gente de que no se drogue, porque les hace daño. Ahícada uno verá, porque aquí viene su segundo gran argumento: el filosófico. "Ningún gobierno tiene derecho a decirme qué puedo o no puedo meterme en el cuerpo. Eso es para pueblos de esclavos y yo no soy esclavo de nadie. Eso es liberalismo".

Fuente : Revista El Sabado - Diaio El Mercurio - 4/11/2000

sábado, 12 de enero de 2008

En Chile existe aversión al trabajo y advierto que no produce cáncer

El economista cree que ya no se considera al esfuerzo como una escuela de la vida

El polémico profesional advierte que es una falacia pensar que entre más se trabaja, “se le quita tiempo a la familia”.


Lino Solís de Ovando G.

A Álvaro Bardón Muñoz le duele la cabeza. El ex ministro del régimen militar y ex presidente del Banco Central, telefónicamente dice estar "mal, súper mal... por culpa mía". Ya en persona, explica que no se trata de algún cargo de conciencia o arrepentimiento histórico, sino una cotidiana y banal sinusitis, esas que los hombres de pensamiento no saben manejar.

A pesar de la inflamación en los senos del cráneo, que a Bardón le hacen llevarse la palma de su mano varias veces hasta la frente, se da el tiempo para hablar de lo que está "allá afuera", los temas que están en boca de los políticos, de las autoridades, porque la vehemencia de Bardón puede con mucho más que una simple sinusitis.

Para Bardón, maniático fumador de 62 años, aumentar el IVA o los impuestos específicos (pisco, cerveza, vino, diésel, cigarrillos, etcétera) "es un tontera. Siempre se inventan razones para aumentar el gasto público. No falta a quién ayudar. Al niñito, a las viejas gordas y a los otros, y todos deben decir (se pone a actuar Bardón) sí, claro, pero tenemos que financiarnos. ¿Subiendo los impuestos? Ya poh, subamos los impuestos. Eso es una mala práctica, porque es una forma de robo de libertad y esfuerzo de la gente. A la larga, está súper probado que si usted aumenta los impuestos, la tasa de crecimiento de la economía no sube".

"Subir los impuestos tiene raíces en la Edad Media, en el tiempo de los señores feudales. Y consiste en pensar que la gente es tonta. Y como es tonta, hay que protegerla. Pero Dios no está, entonces debe ser el Estado. Los planes sociales son un mito, por su ineficacia", agrega.


-La gente no siempre siente que hay beneficios reales a partir de las cifras macroeconómicas.


-Eso no es cierto. De inmediato hay mejor calidad de vida. Si una economía crece, habrá emprendedores de todos los ámbitos que darán empleo, tienen proyectos. Por ende, dan salario... Y esa es la historia del desarrollo capitalista desde 1700.


-Desarrollo capitalista que tiene efectos negativos para muchos siquiatras y filósofos, debido a una peor calidad de la vida. Es cosa de ver los niveles de depresión, y cuando surge la denominación.


-¡El peor estrés es estar pobre y sin pega! ¡Te lo firmo! No hay otra forma de organización exitosa, que no sea el capitalismo.


-¿A qué se debe que los trabajadores chilenos deban tomar tantas licencias por enfermedades mentales?


-Porque antes, esa misma gente, estaba en el campo y no sabía qué era un hospital y vegetaban y morían jóvenes. Con la llegada del progreso, se movieron del campo a la ciudad y comenzaron a conocer a los doctores, las enfermedades... ¡La depresión antes era el mal de ojo!


-¿Merecen una siesta los trabajadores? ¿Se debe legislar?


-Es una tontería que se legisle ese tema. Esas son las típicas cosas que no se legislan. Si alguien necesita dormir 10 minutos, lo puede hacer. Pero todos parten sobre la base de que el dueño del capital anda a caballo, con una espada y un látigo. Entonces, si el gallo se queda dormido no lo puede hacer. A lo mejor en los inicios del capitalismo había eso.


-Señor Bardón, la Dirección del Trabajo está llena de reclamos contra empleadores. Démosles el crédito a algunos de ellos.


-Bueno, es que el trabajador no tiene que ser tan pelotudo para seguir trabajando con ese empleador.


-Pero...


-(interrumpe e imita a un ser oligofrénico)... Pero qué va a decir la leyenda, el mito tradicional: no se puede cambiar, porque si se cambia, no va a encontrar pega. Si no encuentra un nuevo empleo, es porque el gobierno está funcionando mal, con sus políticas macroeconómicas.


-¿Qué le parece el sueldo mínimo?


-Está muy alto... ¡No debería haber salario mínimo! Si estamos frente a un inválido, que es capaz sólo de atornillar cuatro pernos al día, yo soy partidario de que se paguen 30 lucas. Hoy a esa persona la ley le prohíbe trabajar. Eso es muy injusto.


-¿Hay aversión al trabajo?


-El trabajo educa a la gente, le enseña valores. Es una gran escuela. Es como se decía antes: la escuela de la vida. En Chile existe aversión al trabajo y advierto que no produce cáncer. ¡No hay que trabajar más de ocho horas al día! ¡No hay que trabajar más de cinco días a la semana! ¿Trabajar los fines de semana? ¡Ni cagando! Porque eso es abandonar a la familia. ¡¿De dónde han sacado esa ridiculez?! Es un cuento pensar que las horas que se dejan de trabajar, son destinadas a la familia.


-¿Dónde van?


-Cuando no trabajan, los hombres van al hipódromo, al fútbol, a ver otra galla, a los topless, a conversar con los amigos; no sé, hacen lo que se les ocurre.

sábado, 5 de enero de 2008

Fumar, nuevo crimen en Chile

Lo natural es que los dueños de centros comerciales y restaurantes ofrezcan sus servicios, con o sin humo, y que las personas elijan. Si no les gusta que fumen, se van al local del lado.

La manera correcta y respetuosa de combatir el tabaquismo es la información veraz, la educación familiar, las campañas inteligentes de salud y todo lo que sirva a la gente para que tome libremente sus decisiones. Las medidas de fuerza, como las aprobadas por los socialistas de todos los partidos, son totalitarias, costosas, corruptoras, antiemprendimiento, pro crimen e ineficaces. Ningún político tiene derecho a reprimir a los ciudadanos y menos porque fumen. Es algo propio de dictaduras y no de sociedades respetuosas con las personas. ¿Vamos a prohibir el huevo con tocino o jamón por sus efectos perniciosos para la salud? El neosocialismo, me imagino, no consistirá en llegar a tarjetas de racionamiento que fijen la dieta para la buena salud.

Con los niños y jóvenes lo que sirve es la formación y no el prohibicionismo que es más bien una invitación a ser adultos prematuros, violándolo.

Muchos pequeños negocios, como restaurantes o sitios nocturnos, van a quebrar por estar situados en centros comerciales o porque se les exigen inversiones no financiables. El grande, cero problema; el que paga el pato, como siempre, es el chico.

El control de estas leyes inútiles requiere inspectores y carabineros. Para financiar los primeros, nos subirán los impuestos. Si usan los segundos, éstos tendrán que dejar de perseguir a los verdaderos delincuentes, aumentando el crimen, lo que ya ocurre, en parte, porque se dedican a otro delito inventado, como es el ligado a las drogas, las que, por milenios, convivieron sin problemas con los seres humanos. Si todas estas inutilidades se suprimieran, se reduciría la delincuencia, como ocurrió cuando se derogó la ley seca que prohibía el consumo de licor.

Las prohibiciones de venta de tabaco cerca de los colegios se burlarán y surgirán arreglos corruptores con los inspectores. Es un clásico, pero no por nuestros inteligentes políticos, quienes tampoco ven que la prohibición de vender cigarrillos sueltos castiga a los más pobres. Muchos pequeños empresarios pasarán a la clandestinidad, que es lo típico del exceso de regulaciones.

Lo natural es que los dueños de centros comerciales y restaurantes ofrezcan sus servicios, con o sin humo, y que las personas elijan. Si no les gusta que fumen, se van al local del lado. Y en relación con los acompañantes menores, eso es asunto de los padres.

En mi colegio de curas conservadores había un rincón del patio donde los adultos no se metían. Era el lugar, junto con los baños, donde unos pocos fumaban. ¿Habría que facultar a los carabineros para que irrumpan en los baños? Era como en la universidad, donde el concesionario del casino vendía licor, pero sólo a los iniciados y dirigentes.

Muchos espectáculos se resentirán por la desaparición de los auspicios tabacaleros. ¿Y quién pagará? Bueno, los que gustan del deporte y de la cultura.

El costo de estas leyes inútiles debiera descontarse de los sueldos de los parlamentarios y, muy especial, de los médicos, que –como me decía uno de ellos– piensan con el corazón y no con la cabeza. Y cuando estas leyes fracasen, espero que no propongan la pena de muerte para los fumadores.
Nuestra tendencia a regularlo todo termina con la libertad, el desarrollo y reduce el ingreso, en especial de los pobres. Lo del tabaco es sólo un paso más, que sigue a la represión educacional, comercial, ambiental, de la salud, del emprendimiento, de la construcción, del transporte y de cuanto hay.