martes, 17 de junio de 2008

Central debió ajustar la tasa hace dos años

Entrevista en Estrategia, 16 de junio de 2008


El economista de la Universidad Finis Terrae y ex titular del Banco Central advierte que la actual política fiscal “está afectando cada vez más al sector privado que es el que invierte, emplea y genera el progreso.”



¿Qué opinión le merece el fuerte aumento de 50 puntos base a 6,75% en la tasa de instancia dispuesto el martes pasado por el Banco Central?
Me parece que la autoridad monetaria había desestimado las presiones inflacionarias de gasto, y en algún momento tenía que adoptar una determinación más enérgica. La verdad es que debió haber actuado hace dos años atrás; hay un tremendo rezago.


¿Qué consecuencias podría traer este ajuste en los tipos?
Seguramente producirá un pequeño frenazo en las ventas y con ello se resentirá el Producto; es decir, para que tenga un efecto sobre la inflación el ajuste ineludiblemente significará un costo para el crecimiento; rebajando el rango estimado de 4%-5% a 3%-4%.


Hay quienes plantean alternativas para frenar el IPC sin afectar el PIB.
Hace tiempo que dejé de creer en los milagros; para acotar la inflación es indispensable afectar el gasto.


¿Pero no le parece que las presiones vienen más por el lado de la oferta?
Claro que hay presiones de oferta, pero no se puede desconocer el exceso de gasto, y la forma de apretarlo es a través de una tasa más restrictiva.


¿No había opción, entonces?
Sí la había: se debió atacar este problema mucho antes. Hace un par de años se debieron aplicar las correcciones, pero no ocurrió por las ya consabidas presiones del Gobierno: siempre ha sido igual.


¿A qué se refiere?
El Gobierno, a través de sus ministros y de la prensa, presionan para que el Central no se ponga mañoso, para que modere su política monetaria; y en su momento se dejó de elevar los tipos apropiadamente cuando se notaba claramente que vendrían problemas por el fuerte incremento de la demanda.



“EL GRAN GASTADOR”

¿Hacienda tiene responsabilidad en este plano?
Esa cartera ha colaborado como nunca con el gasto. El actual ministro (Andrés Velasco) se está configurando como un gran gastador, contrario a la fama que tiene y a lo que el Gobierno debiera hacer para que en Chile no quede el descalabro. Estimo que el test de verdad será cuando resuelva si restringirá o no el desembolso público.


¿Cree posible que ello ocurra en tiempos electorales?
Cuando uno ve que empiezan a subir mucho la tasa de interés, y siendo mal pensado, percibo que no tienen intención de acotar el gasto, sino más bien ajustar el desembolso privado. Mientras tanto, habría que ver si no hay por ahí algunos gastos ocultos.


¿En qué sentido?
El Ejecutivo siempre puede manejar gastos disfrazados y uno ve cómo diariamente se desembolsan más recursos: la actual administración cree que gobernar es gastar. El ministro Velasco es una persona bien intencionada y, en general no lo hace mal, pero en este tema me parece que “se le han soltado las trenzas”.



DOGMA SOCIALISTA

Usted sugiere reducir el gasto público, pero ¿qué hacer con la carga tributaria?

Hay que bajar los impuestos de todas formas.


Específicamente, ¿qué tributos consideraría reducir o eliminar?

Me parece que si se hubiera reunido a un millón de economistas del mundo para que inventaran un impuesto estúpido, darían con el de timbre y estampillas; es un gravamen al crédito, directo al crecimiento. Se evaluó eliminarlo bajo el Gobierno Militar, porque entonces había economistas que pensaban.

¿Y qué hacer con el impuesto específico a los combustibles?
Hay que eliminarlo.


Es un tributo que se creó en el Gobierno Militar.
Alguien podría decir que “hay que terminar con algunos enclaves del Régimen Militar”.


Respecto al IVA, usted también ha sido partidario de reducirlo.
Evidentemente. Hay que rebajarlo a un 15%. Para que nos entendamos: si se siguen aumentando los impuestos, se está afectando cada vez más al sector privado que es el que invierte, emplea y genera el progreso. Si se pretende crecer hay que disminuir los tributos; el problema es que un socialista no se convencerá nunca de esto.


¿Por qué lo piensa?
Porque el socialismo es una religión y el Estado es su Dios a quién hay que rendirle homenajes. Su manera de adorar al Gobierno es a través del dinero, de los impuestos. Aunque estén guardando la recaudación fiscal no sé para qué, lo que les importa es rendir pleitesía. Estoy convencido de que es un concepto que no van a cambiar nunca.

sábado, 14 de junio de 2008

Bardón sin límites

El pensamiento liberal –ese que no encuentra eco ni en las filas de la centro derecha ni en la cúpula concertacionista– tiene en Álvaro Bardón un exponente fiel. Ajeno al discurso políticamente correcto, este economista, profesor y ex presidente del Banco Central dispara sin tapujos: “la derecha actual es una derecha culposa y acomplejada que no tiene cojones para defender los valores de la libertad. Aquí todo el mundo es culturalmente socialista”.

Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Verónica Ortíz. (Revista Capital)



En los últimos años se ha convertido en cualquiera consignas lógica de la manada y que su estilo informal e irreverente suele “sacar roncha” a quienes se contentan con la consigna fácil. un tábano para esa parte de la sociedad que, cualquiera sea su posición ideológica, busca acomodarse con demasiada facilidad a las onsignas oficiales, a los lugares comunes o a las posiciones políticamente correctas. Es evidente que la afilada mente de este destacado economista no razona con la lógica de la manada y que su estilo informal e irreverente suele “sacar roncha” a quienes se contentan con la consigna fácil. Genuino representante del pensamiento liberal, Álvaro Bardón es un hombre apasionadamente independiente, que ama su libertad y la de los demás. Sencillo, informal y sin pelos en la lengua, este profesor universitario y ex-presidente del Banco Central, disfruta escribiendo, asistiendo a seminarios, haciendo clases y conversando con los amigos; actividades todas que tienen un punto en común: le posibilitan explayarse para difundir los beneficios y ventajas que tendría para Chile vivir en una verdadera sociedad libre y democrática.

Recuperándose de una operación difícil, nos recibe, ahora sin su sempiterno cigarrillo, en su acogedor departamento de San Damián, donde vive con su señora, Angélica Calvo.


-Me alegra verte bien Álvaro…

Gracias, compañera. La verdad es que la quimio no me ha botado por completo. Sigo escribiendo con alguna dificultad y yendo a la universidad. Y si bien me canso un poco y ando más irritable que de costumbre, sigo conectado al mundo y tratando de llevar mi vida como siempre...


-Tú eres reconocido como uno de los representantes más genuinos del pensamiento liberal en Chile. ¿De dónde te viene esa pasión por la libertad?

Como la gente es ignorante, no sabe que el primer gran liberal de la historia fue Jesucristo. Me eduqué en el colegio Hispanoamericano, ahí en Carmen con Avenida Matta, con los curas escolapios, y ellos me enseñaron desde chico que el valor que da sentido y articula la vida social e individual es la libertad, que los individuos tienen derechos anteriores al Estado y que el progreso lo hace la gente libre… El cristianismo es una religión basada en el libre albedrío, donde cada cual responde de sus actos, sin distinguir entre razas, sexos o condición social. Esta manera de entender la vida fue reforzada en mi casa, donde no me limitaron innecesariamente…


-¿Cómo era tu padre?

Fue un inmigrante que salió de León, España, muy joven y que por los años 20 se estableció en Buenos Aires. Después se vino a Santiago, contratado por Gath y Chaves, el primer retail que conoció la capital. Aquí se casó y, más tarde, se cambió a Los Gobelinos, como jefe de sección. Vivíamos en San Miguel, en ese entonces una comuna chica que hacía poco había dejado de ser agrícola y en la que se estaba asentando gente de clase media, tipo Caja de Empleados Particulares, para que me entiendas. Después hubo una serie de tomas y se convirtió en una comuna socialista dirigida por Mario Palestro, quien creó una monarquía hereditaria que dura hasta hoy. Mi padre era un hombre leído, que escribía bien, sin faltas de ortografía, como buen hijo de profesor primario. Creía en el mérito y en la responsabilidad personal, en el trabajo bien hecho, en la familia sólidamente constituida... valores, todos, que no calzaban con la mentalidad socialista, tan dada a atribuir la culpa de las propias miserias a los demás: a la sociedad en abstracto, a los explotadores, a los capitalistas, a la CIA, a Pinochet, etc., etc.


-¿Por qué entraste a estudiar Economía?


Más o menos por azar, por tincada, como tantas cosas en la vida. Di un buen bachillerato en Matemáticas y el padre Daniel Asanza –que era profe del colegio y vicerrector en la Católica- invitó a dar una charla vocacional al economista Juan Ramón Samaniego. Nos entusiasmó tanto que ocho tipos del curso estudiamos Ingeniería Comercial, seis de ellos, en la Universidad Católica. Yo preferí la Chile. Allí había más revoltijo de gente, de ideas políticas, de creencias religiosas… Además, esa escuela de Economía era más prestigiosa que la de la Católica. Entré el año 58 y egresé el 62.


-En esa época, y en la Chile, era difícil que te dieran una formación proclive al libre mercado…


En la facultad dominaban los masones, socialistas y la doctrina cepaliana. Todo tenía un marcado sello social demócrata, de planificación, de intervención del Estado. Entre los profesores estaban Pepe Cademártori, comunista, y José Vera, Osvaldo Sunkel y Aníbal Pinto, todos de izquierda, pero que brillaban con luz propia. Así y todo, me acuerdo que tuve como profe a Luis Escobar Cerda –el decano– que a pesar de ser un radical de viejo cuño, es decir, masón, bombero y feliz con sus zapatos de gamuza, enseñaba Teoría de Precios con un enfoque moderno. Fue el primero al que le escuché plantear que la educación superior tenía que ser pagada, ya que quienes ingresaban a la universidad provenían de hogares de altos ingresos y era injusto que el Estado los subsidiara. Me impactó escuchar ese cuento que era la pura y santa verdad. También me hizo clases Carlos Massad, que venía llegando de Chicago y nos hacía Teoría Monetaria. Ignorantes nosotros, igual que nuestros profesores, pensábamos que enseñaba puras cosas raras, pues nadie entendía nada…


-¿Ya te interesaba la política en ese tiempo?

Claro que sí. Estuve tentado de entrar al Partido Liberal, pero al igual que hoy, la derecha de entonces no tenía ni proyecto ni programa. Cero atractivo. En cambio en el 58, comenzó a descollar la figura de Frei Montalva, un tipo preparado, que hacía buenos discursos en el Senado, que era católico, que hablaba de las encíclicas, de economía y era moderado. Me inscribí en la Democracia Cristiana e hice mucha vida de asamblea en mi distrito, el de San Miguel. No olvido ahí a René León Alquinta, quien ayudó mucho a mi formación. Luego me fui entusiasmando con la manera en que se había levantado Alemania después de la guerra gracias a la implementación de una economía libre propiciada por Erhardt y la democracia cristiana alemana, aunque me involucré mucho más en el partido a la vuelta de Chicago, en 1967.


-¿Y qué fue a hacer un DC en Chicago?

A estudiar, pues… A esas alturas, mediados de los 60, habían gallos en el departamento de Economía de la Chile que empezaban a argumentar en una línea más liberal, de libre mercado. Me acuerdo de Massad, Juan Braun, José Luis Federici, Carlos Hurtado… Eran bichos raros, que en las reuniones de investigadores de los miércoles, a las cuales yo asistía, se trenzaban en largas discusiones con los socialistas de todos los pelajes –entre ellos, Ricardo Lagos– defensores del dirigismo, la planificación estatal, el control de precios, el intervencionismo, las regulaciones y todo eso que nos llevó al desastre. Después nos íbamos a tomar una cerveza por ahí, a la Plaza Italia. Federici acarreaba a Lagos de su casa a la universidad. ¡Eran viejos tiempos! Ya con Frei en el gobierno, me reclutaron para el Banco Central, desde donde partí a Chicago, pese a que mi jefe en el departamento de Estudios, Ricardo Ffrench-Davis –que había estudiado ahí– no le gustaba que fuéramos para allá. A esas alturas, mi pensamiento ya se orientaba hacia la economía de libre mercado, por lo que me fui no más. Allí clarifi qué mis ideas y las reforcé. Volví más seguro para decir lo que pensaba…


-Volviste al Banco Central…

Sí, y en el área política estuve metido en la comisión técnica del partido, como asesor. Vino la elección del 70 y, como muchos, en la Junta Nacional estuve en contra de la candidatura de Tomic, que era de izquierda pura. A mí me marginaron de la campaña y quedaron como asesores en lo económico Foxley y Ffrench-Davis, entre otros. Estuve en semi-sueño. El partido se dividió, surgió el MAPU y, luego, la Izquierda Cristiana. Yo seguí siendo freísta y todos saben cómo le afectó a Frei el triunfo de Allende.


-Fue en el tiempo de la UP que empezaste tus columnas en El Mercurio…

Sí, en el año 71, aunque al principio sin firma. Me llevó Emilio Sanfuentes, compañero mío en Chicago. Dirigía el diario un personaje: René Silva Espejo. Comencé a soltar la mano y a decir todo lo que pensaba junto con asesorar a algunos senadores DC en materia económica como, por ejemplo, a Pepe Musalem. Frei comenzó a inflarme un poco, fui varias veces a su casa de calle Hindemburg, donde los diagnósticos de lo que venía eran dramáticos. En algún momento, Aylwin fue elegido presidente del partido y nombraron primero a Sergio Molina y, después, a Claudio Huepe como directores del departamento Técnico. Trabajé con los dos como segundo… A mí siempre me ponían de segundo, porque me deben haber encontrado un poco extremista… Fue en ese tiempo que reanudé mis vínculos con los Chicago de la Católica, a los cuales había conocido al regresar de Estados Unidos. Ya a fines del 72, un grupo de economistas independientes de derecha y DC, comenzamos a participar en la elaboración de El Ladrillo…


-Es conocida tu participación en el gobierno militar. ¿Te incorporaste inmediatamente?

No; aunque, si no me falla la memoria, a fines del 73 me llamó Manuel Cruzat para que estudiara qué hacer con el Instituto de Costos, que dependía del ministerio de Economía. A los 20 días, eché a la mitad de los funcionarios y a la otra mitad les dije que recomendaría el cierre del organismo. No servía para nada, sino para abultar el costo del Estado. Algunos pusieron el grito en el cielo y, como la gran mayoría de los militares, los civiles, las mujeres, los hombres, los empresarios, etc. se oponían a la implementación de políticas económicas liberales, tuvieron que pasar dos años para que se cerrara. Léniz, que era contemporizador, chuteó el cierre. De ahí volví a la escuela de Economía de la Chile donde era director y, desde mediados de 1974, comencé a formar parte del equipo de redacción de El Mercurio y a escribir de manera sistemática mis columnas. Pero en el 75 me cabrié en la universidad y me fui a hablar con Pablo Baraona, que estaba de vicepresidente del Banco Central. Trabajé con él, pero al poco tiempo vino un remezón y Jorge Cauas fue nombrado súper ministro para llevar a cabo el plan de recuperación económica. Pablo quedó como presidente del banco. Cauas me pidió que asumiera la vicepresidencia y Pinochet nombró a Sergio de Castro como ministro de Economía, el verdadero motor del cambio que se produjo en Chile.


-¿Hasta ahí tú seguías en la DC?

Sí. Me acuerdo que no quise renunciar porque pensé que si yo estaba metido en todo ese enredo era, justamente, por ser demócrata- cristiano, porque en ese carácter, y como segundo del departamento técnico de la DC, había participado en la lucha contra Allende y en la elaboración de El Ladrillo y porque no veía incompatibilidad alguna de trabajar para un gobierno que buscaba levantar a Chile de la miseria a que lo había llevado la izquierda de este país. En todo caso, ligerito supe que me habían marginado. Raro, me dije yo: cómo me van a echar si los partidos están proscritos y cuando se echa a alguien hay que pasarlo por un tribunal de disciplina, enviarle una nota o algo, y a mí no me llegó nada…


-Y ahora, ¿te reintegrarías al partido?

Tendría que estar loco. Se ha ido convirtiendo en un grupo de demagogos sin ideas ni ideales. Es una vergüenza que sigan sosteniendo consignas politiqueras de los años 30, como si el mundo no hubiera cambiado. Y por ahí no más anda la derecha, que cada vez está más alejada de los ideales de Jaime Guzmán. La derecha actual es una derecha culposa y acomplejada que no tiene cojones para defender los valores de la libertad. Aquí todo el mundo es culturalmente socialista: los de izquierda, de una manera; los DC, de otra; la derecha, igual. La consigna hoy es ser populista, demagogo, hay que ganar votos a cualquier costo porque lo que importa es llegar al poder para seguir dejando embarradas. Es increíble, pero mientras se denosta a Pinochet, la izquierda sigue ensalzando a Allende, el peor presidente que ha enido Chile, que nos dejó en la ruina más absoluta. ¡Si hasta estatua tiene en la Plaza de la Constitución!


-Pero los herederos de Allende, los de la Concertación, lo han hecho mejor, ¿no? Al menos, han mantenido la política económica que ayudaste a implementar…

A ver: la Concertación en verdad no tiene una política económica definida. La Concertación es un acuerdo político que fue diseñado para tomarse el gobierno y que no tenía ningún programa. Más bien al revés, cuando llegó al poder, hizo todo lo contrario de lo que había dicho que iba a hacer. Todo lo contrario. Entonces, uno concluye que el modelo no era tan malo y criticable como lo pregonaban. El problema está en que lo que se está haciendo, se hace mal. Por ejemplo, uno de los problemas más serios de la economía chilena, y del que nadie se hace cargo, es que tenemos la participación laboral más baja del mundo. Debieran trabajar unos dos millones más de personas para estar en una posición similar a la media del mundo. ¿Por qué no hay trabajo para más chilenos? Porque la burocracia estatal, incluyendo la municipal, y la legislación que generalmente se aprueba por unanimidad, lo impiden. Mientras no cambiemos la estructura mental socialista que persiste en las cabezas de quienes generan políticas públicas, estamos perdidos… Hace unos días, leí que se acabaron los ¡peloteros en el tenis!, no hay caso…


-Ya que entraste en la contingencia, ¿cuál es tu candidato presidencial?

Sebastián Piñera.


-¿En recuerdo de antiguas fidelidades?

No me molesta mi pasado, pero entiendo que a mucha gente de la Alianza le irrite la cuna ideológica de Piñera. Peor para ellos: tendrán que comerse el sapo. Respeto su inteligencia, su formación universitaria y su desempeño como empresario. Un gallo que con su esfuerzo crea una fortuna no puede ser torpe, ¿verdad? Y, que yo sepa, Sebastián Piñera no heredó un peso y únicamente con su cabeza y trabajo reunió el patrimonio que tiene. Eso me parece más bien digno de ser imitado que de ser criticado. Pero en este país de envidiosos y de flojos… Además, sé que comprende el problema esencial de Chile: cómo superar la condición de pobreza de miles de familias. Ese desafío le quedó como poncho a la Concertación, porque las condiciones sociales que generan la pobreza, no se arreglan a lo nuevo rico, inyectándole más plata, sino liberando lastrabas que impiden que funcione un buen sistema educacional. ¡Hasta cuándo con el estatuto docente! ¡Libertad para crear colegios, libertad para enseñar, libertad para que quien sepa hablar haga clases!

miércoles, 7 de mayo de 2008

El legado de Milton Friedman

Desde que vino a Chile en 1975, y que al año siguiente recibiera el Premio Nobel de Economía, Milton Friedman se convirtió en un mito para el mundo, y especialmente para los chilenos. Aquí, la voz de cinco protagonistas de esos años, que lo conocieron y que fueron testigos –y algunos artífices– de la aplicación de sus principios en los cimientos de nuestra economía.

Por: María Olivia Browne / Fotos: Ronny Belmar

"Con Friedman me saqué puras 'C'"

"En el Banco Central, donde trabajaba, había gente que no quería que yo fuera a Chicago, por lo que puse esa opción, que era la que yo quería, en sexto lugar. Y quedé", recuerda con el humor que lo caracteriza este economista de la Chile, quien partió a Estados Unidos en 1966 a sacar su máster. Allá, tomó "Teoría Monetaria" con Friedman, a quien recuerda como "el profesor más importante de la facultad, pero lejano de los estudiantes. Tenía la imagen típica del judío comerciante: bajito, gordito, pelado y andaba siempre con un maletín enorme. Cuando subía al estrado, cambiaba: se ponía a hablar, razonar y a comunicarse con facilidad con los estudiantes. Iba mucha gente a escuchar sus clases, logrando audiencias de más de cien personas". Al preguntarle por su rendimiento en ese curso, confiesa: "Me sacaba puras 'C', que son notas intermedias".

Al abordar la influencia de Friedman en nuestra economía, este ex presidente del Banco Central –entre los años 77 y 81– insiste con su tesis de que él no conocía Chile, "ni siquiera sabía dónde quedaba antes de que viniera, invitado por Javier Vial y Rolf Lüders. Esa fue su primera conexión formal con el país y luego volvió". En una de esas ocasiones, le tocó conversar con él: "Yo era vicepresidente del Banco Central, y recuerdo que al saludarlo, alguien dijo: 'Y además escribe en los diarios'. Entonces, él me preguntó: '¿Es periodista'. Y le respondí: 'No, soy economista, estudié en la Chile y luego en Chicago'. Pero me dijo: '¿Cuánto gana escribiendo? ¿Más que en el Banco Central?'. Yo le respondí: 'Creo que saco un poco más escribiendo artículos'. A lo que él respondió: '¡Ah, entonces es un periodista'. Esa respuesta representa la aproximación empírica pragmática que tienen los economistas de Chicago: ¿Cuánto vale usted? Lo que es lógico...".

Según Bardón, Friedman siempre decía que cuando se introduce libertad económica, terminarás con libertad política. "Y así como pasó en España y en Chile, hoy también está pasando en China, la que va a terminar siendo capitalista".

En nuestro país, dice, el ideario Chicago-Friedman se ha mantenido: ya nadie discute que la economía debe ser abierta, se respeta la propiedad y el Estado mantiene un rol menor que el histórico.

lunes, 5 de mayo de 2008

Aparición en TV de Álvaro Bardón


Propiedad privada y medio ambiente

Ya veíamos que, para preservar el medio ambiente y los recursos naturales, es indispensable el desarrollo productivo rápido, porque al aumentar el ingreso de las personas, éstas dejan de depredar e, incluso, invierten parte de sus ingresos en dicha preservación. Y agregábamos que el desarrollo se logra sólo con capitalismo y que, por lo tanto, éste es el sistema correcto para preservar el medio ambiente. La depredación de éste en las naciones europeas bajo el comunismo es ya bastante conocida.

Un elemento central en todo esto son los derechos de propiedad, y se puede decir que ellos cuidan el medio ambiente, al revés del comunitarismo, la propiedad común y el colectivismo, en los que no hay dueños y, por lo tanto, no hay quien cuide los recursos. Es lo que llaman "la tragedia de los comunes", que afirma que todos los jardines, lagos, tierras, bosques, animales, minas o lo que sea tenderán a deteriorarse si no hay a su cargo un propietario que los cuide.

Los jardines públicos, parques y campos deportivos en Chile viven generalmente en persistente abandono, llenos de mugre y basura, algo que no ocurre con los privados. Un cuadro similar se observa en las playas, que al ser "de todos los chilenos" no son de nadie y, por lo tanto, no se cuidan, presentando un pobre y sucio aspecto, que contrasta con las playas de balnearios y lagos ligados a las grandes cadenas de hoteles, en el Caribe, Mónaco y otros lugares de gran tradición turística.

Si en Chile quisiéramos cuidar las orillas de lago y las playas, así como tierras y bosques, habría que generar más derechos de propiedad.
La preservación de especies vegetales y animales se garantiza mejor cuando hay claros derechos de propiedad, en contraste con la propiedad común, que incentiva la depredación.


La propiedad común -es decir, estatal- de bosques, tierras y animales no incentiva su cuidado y fomenta su mal uso y depredación. Así, en los países de África que han permitido la propiedad privada de elefantes, la población de éstos ha aumentado porque es un buen negocio para sus dueños, lo que no ocurre en los parques nacionales, que son depredados por variados ladrones interesados en el marfil. En Nueva Zelandia, la notable industria de la carne de ciervo tuvo un espectacular desarrollo desde que se generó la propiedad de estos animales, que antes configuraban una plaga que molestaba a toda la comunidad.

La preservación de especies vegetales y animales se garantiza mejor cuando hay claros derechos de propiedad, en contraste con la propiedad común, que incentiva la depredación. Es lo que ya comienza a observarse en las tierras entregadas a los araucanos en propiedad común, política que, finalmente, se traducirá en mala explotación y abandono de los recursos, junto a un aumento de la pobreza.

Extender los derechos de propiedad lleva a más libertad, progreso y buen uso de los recursos naturales, bosques, tierras, mar y demás. Dichos derechos compatibilizan el desarrollo y la preservación, lo cual no ocurre cuando la propiedad es estatal. El insistir en ésta, así como en la no explotación de los recursos naturales, carece de lógica y parece responder a posturas ideológico-panteístas de adoración de la naturaleza, junto con un repudio a la presencia de los seres humanos, a los que se mira como los responsables del deterioro del planeta "único", que habría que cuidar, incluso forzando la reducción del tamaño de la población, algo que no tiene sentido, porque el desarrollo limpio y que cuida de los recursos naturales y el planeta es algo perfectamente factible, a partir de las instituciones e incentivos cristianos clásicos, pro crecimiento, ligados a la propiedad y la libertad.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Capitalismo y medio ambiente

El interés por preservar y cuidar los recursos naturales, el paisaje, el ambiente limpio, etcétera, aparece, crece y se desarrolla con rapidez a la par del mejoramiento del ingreso y el nivel de vida de la gente. Cuando ésta es pobre y se encuentra a niveles de subsistencia, con hambrunas y variadas insatisfacciones, no aprecia la calidad del medio ambiente. Éste es una especie de bien superior, que se demanda mucho más en la medida en que mejora el nivel de ingreso. Los pobres están más preocupados de sobrevivir, recolectar y aun depredar para alimentar a los hijos, antes que pasar frío contemplando el bosque nativo.

Por lo tanto, si usted está verdaderamente interesado en el cuidado del medio ambiente, lo primero es velar por un rápido desarrollo productivo, que aumente el ingreso de los pobres y los haga incorporar en su demanda este bien superior medioambiental. Así que no les crea más a los medioambientalistas fanáticos y "progresistas" que aparecen a cada rato saboteando procesos productivos, la inversión y la incorporación de nuevos recursos naturales, bosques, islas y demás que aumentan el empleo e ingreso de los pobres. Es, precisamente, ese mejor nivel de vida el que llevará a las personas a valorar el medio ambiente, la limpieza y la mejor calidad de vida, algo que no se puede exigir a quienes viven en niveles de subsistencia, con hijos hambrientos.

Ahora bien, ¿bajo qué modalidad de organización económica, social y política los pueblos han logrado aumentar su ingreso y nivel de vida, de manera indefinida y, como resultado de ello, la calidad del medio ambiente? Obviamente, con el capitalismo liberal, abierto y competitivo, basado en el respeto de los derechos personales, comenzando por el de propiedad.

¿No se han dado cuenta de que los ambientes más limpios y de mayor belleza compatibles con amplias poblaciones se dan en Norteamérica, Europa Occidental, Oceanía y algo en América Latina y el Asia que comenzó a crecer?

¿No ha leído respecto de la mugre masiva de las ciudades, ríos, lagos, casas, hoteles, campo y calles en los países y ciudades que fueron o son comunistas? En esto del cuidado y limpieza del medio ambiente -así como antes con las tasas de inversión y el nivel de desarrollo-, los socialistas siempre critican con desparpajo las fallas del capitalismo, pero nunca han reconocido nada de su reiterado fracaso, que insisten en vendernos a los chilenos. Y así, en colusión con los ambientalistas y variados idiotismos locales, están logrando bajar nuestra tasa de crecimiento, la posibilidad de llegar a ser desarrollados... y gozar de un mejor medio ambiente.

Las fórmulas de planificación central no sirven -observe el Transanlagos-, así como tampoco las clásicas recetas chilenas de legislarlo todo y colocar reglamentos e inspectores caros e inútiles, que sólo dificultan el desarrollo, en especial de los grupos medios y populares.

¿Cuánto más creceríamos si se hiciera una ley ambiental más liberal, con sistemas de seguros y arbitrajes expeditos? ¿Y cuánto mejoraría el medio ambiente con el aumento del ingreso de los más pobres, lo que automáticamente los sacaría de la depredación? ¿Y cuánto más si extendiéramos la propiedad privada? ¿Cuánto ingreso, empleos e inversión hemos perdido por una legislación ambiental inadecuada?

viernes, 18 de enero de 2008

Yo no soy esclavo de nadie

De la piel para adentro empieza mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que pueda o no cruzar esa frontera. Soy un Estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines políticos de cualquier país.

Estas palabras de un autor anónimo de seguro interpretan a este economista sesentón, flaco y rápido con la palabra, que no ha tenido empacho para llevar su liberalismo al extremo de uno de los terrenos más "políticamente incorrectos" en nuestro país: postular la legalización de todas las drogas. Ni siquiera lo ha trabado el ser decano de Ingeniería Comercial de la Universidad Finis Terrae, lo suyo es puro liberalismo, económico y filosófico. -En primer año de economía, y en la tercera clase, te enseñan que cuando un mercado deja de ser libre, surge uno paralelo, que es negro, mafioso, siniestro. Ahí mismo aparecen los traficantes, lo que genera una situación que vuelve inútil cualquier acción represiva. La lucha contra la droga centrada en la prohibición y en la persecución ha fracasado por eso, y seguirá haciéndolo. Hay al menos cinco premios Nobel en Economía que sostienen lo mismo que yo, incluido Milton Friedman, James Buchanan y Gary Becker.

Acá en Chile, todos los economistas lo saben, pero no hay ni uno que se atreva a decirlo, porque la pelotudez colectiva nos lleva a imitar todo lo que hace Estados Unidos. Barden fuma como chino y reconoce que es adicto a la nicotina, "aunque nadie me persigue por ello". Y recuerda las desastrosas consecuencias de la Ley Seca en Estados Unidos. "Tal como entonces la gente se envenenaba tomando los más espúreos bebedizos artesanales, hoy los patios de las universidades están lleno de cabros fumando pitos de la peor clase, absolutamente tóxicos", reflexiona. Y analiza "la tozudez de los gringos": -La lucha contra la droga ha sido un fracaso estrepitoso, pero ellos no cejan y ahora están invadiendo Colombia con miles de marines disfrazados de expertos, que luego entrarán a Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú, con el pretexto de combatir a los narcos, con lo que terminarán por convertir a Sudamérica en un segundo Vietnam.

El economista propone actuar sobre la demanda. Es decir, convencer a la gente de que no se drogue, porque les hace daño. Ahícada uno verá, porque aquí viene su segundo gran argumento: el filosófico. "Ningún gobierno tiene derecho a decirme qué puedo o no puedo meterme en el cuerpo. Eso es para pueblos de esclavos y yo no soy esclavo de nadie. Eso es liberalismo".

Fuente : Revista El Sabado - Diaio El Mercurio - 4/11/2000

sábado, 12 de enero de 2008

En Chile existe aversión al trabajo y advierto que no produce cáncer

El economista cree que ya no se considera al esfuerzo como una escuela de la vida

El polémico profesional advierte que es una falacia pensar que entre más se trabaja, “se le quita tiempo a la familia”.


Lino Solís de Ovando G.

A Álvaro Bardón Muñoz le duele la cabeza. El ex ministro del régimen militar y ex presidente del Banco Central, telefónicamente dice estar "mal, súper mal... por culpa mía". Ya en persona, explica que no se trata de algún cargo de conciencia o arrepentimiento histórico, sino una cotidiana y banal sinusitis, esas que los hombres de pensamiento no saben manejar.

A pesar de la inflamación en los senos del cráneo, que a Bardón le hacen llevarse la palma de su mano varias veces hasta la frente, se da el tiempo para hablar de lo que está "allá afuera", los temas que están en boca de los políticos, de las autoridades, porque la vehemencia de Bardón puede con mucho más que una simple sinusitis.

Para Bardón, maniático fumador de 62 años, aumentar el IVA o los impuestos específicos (pisco, cerveza, vino, diésel, cigarrillos, etcétera) "es un tontera. Siempre se inventan razones para aumentar el gasto público. No falta a quién ayudar. Al niñito, a las viejas gordas y a los otros, y todos deben decir (se pone a actuar Bardón) sí, claro, pero tenemos que financiarnos. ¿Subiendo los impuestos? Ya poh, subamos los impuestos. Eso es una mala práctica, porque es una forma de robo de libertad y esfuerzo de la gente. A la larga, está súper probado que si usted aumenta los impuestos, la tasa de crecimiento de la economía no sube".

"Subir los impuestos tiene raíces en la Edad Media, en el tiempo de los señores feudales. Y consiste en pensar que la gente es tonta. Y como es tonta, hay que protegerla. Pero Dios no está, entonces debe ser el Estado. Los planes sociales son un mito, por su ineficacia", agrega.


-La gente no siempre siente que hay beneficios reales a partir de las cifras macroeconómicas.


-Eso no es cierto. De inmediato hay mejor calidad de vida. Si una economía crece, habrá emprendedores de todos los ámbitos que darán empleo, tienen proyectos. Por ende, dan salario... Y esa es la historia del desarrollo capitalista desde 1700.


-Desarrollo capitalista que tiene efectos negativos para muchos siquiatras y filósofos, debido a una peor calidad de la vida. Es cosa de ver los niveles de depresión, y cuando surge la denominación.


-¡El peor estrés es estar pobre y sin pega! ¡Te lo firmo! No hay otra forma de organización exitosa, que no sea el capitalismo.


-¿A qué se debe que los trabajadores chilenos deban tomar tantas licencias por enfermedades mentales?


-Porque antes, esa misma gente, estaba en el campo y no sabía qué era un hospital y vegetaban y morían jóvenes. Con la llegada del progreso, se movieron del campo a la ciudad y comenzaron a conocer a los doctores, las enfermedades... ¡La depresión antes era el mal de ojo!


-¿Merecen una siesta los trabajadores? ¿Se debe legislar?


-Es una tontería que se legisle ese tema. Esas son las típicas cosas que no se legislan. Si alguien necesita dormir 10 minutos, lo puede hacer. Pero todos parten sobre la base de que el dueño del capital anda a caballo, con una espada y un látigo. Entonces, si el gallo se queda dormido no lo puede hacer. A lo mejor en los inicios del capitalismo había eso.


-Señor Bardón, la Dirección del Trabajo está llena de reclamos contra empleadores. Démosles el crédito a algunos de ellos.


-Bueno, es que el trabajador no tiene que ser tan pelotudo para seguir trabajando con ese empleador.


-Pero...


-(interrumpe e imita a un ser oligofrénico)... Pero qué va a decir la leyenda, el mito tradicional: no se puede cambiar, porque si se cambia, no va a encontrar pega. Si no encuentra un nuevo empleo, es porque el gobierno está funcionando mal, con sus políticas macroeconómicas.


-¿Qué le parece el sueldo mínimo?


-Está muy alto... ¡No debería haber salario mínimo! Si estamos frente a un inválido, que es capaz sólo de atornillar cuatro pernos al día, yo soy partidario de que se paguen 30 lucas. Hoy a esa persona la ley le prohíbe trabajar. Eso es muy injusto.


-¿Hay aversión al trabajo?


-El trabajo educa a la gente, le enseña valores. Es una gran escuela. Es como se decía antes: la escuela de la vida. En Chile existe aversión al trabajo y advierto que no produce cáncer. ¡No hay que trabajar más de ocho horas al día! ¡No hay que trabajar más de cinco días a la semana! ¿Trabajar los fines de semana? ¡Ni cagando! Porque eso es abandonar a la familia. ¡¿De dónde han sacado esa ridiculez?! Es un cuento pensar que las horas que se dejan de trabajar, son destinadas a la familia.


-¿Dónde van?


-Cuando no trabajan, los hombres van al hipódromo, al fútbol, a ver otra galla, a los topless, a conversar con los amigos; no sé, hacen lo que se les ocurre.

sábado, 5 de enero de 2008

Fumar, nuevo crimen en Chile

Lo natural es que los dueños de centros comerciales y restaurantes ofrezcan sus servicios, con o sin humo, y que las personas elijan. Si no les gusta que fumen, se van al local del lado.

La manera correcta y respetuosa de combatir el tabaquismo es la información veraz, la educación familiar, las campañas inteligentes de salud y todo lo que sirva a la gente para que tome libremente sus decisiones. Las medidas de fuerza, como las aprobadas por los socialistas de todos los partidos, son totalitarias, costosas, corruptoras, antiemprendimiento, pro crimen e ineficaces. Ningún político tiene derecho a reprimir a los ciudadanos y menos porque fumen. Es algo propio de dictaduras y no de sociedades respetuosas con las personas. ¿Vamos a prohibir el huevo con tocino o jamón por sus efectos perniciosos para la salud? El neosocialismo, me imagino, no consistirá en llegar a tarjetas de racionamiento que fijen la dieta para la buena salud.

Con los niños y jóvenes lo que sirve es la formación y no el prohibicionismo que es más bien una invitación a ser adultos prematuros, violándolo.

Muchos pequeños negocios, como restaurantes o sitios nocturnos, van a quebrar por estar situados en centros comerciales o porque se les exigen inversiones no financiables. El grande, cero problema; el que paga el pato, como siempre, es el chico.

El control de estas leyes inútiles requiere inspectores y carabineros. Para financiar los primeros, nos subirán los impuestos. Si usan los segundos, éstos tendrán que dejar de perseguir a los verdaderos delincuentes, aumentando el crimen, lo que ya ocurre, en parte, porque se dedican a otro delito inventado, como es el ligado a las drogas, las que, por milenios, convivieron sin problemas con los seres humanos. Si todas estas inutilidades se suprimieran, se reduciría la delincuencia, como ocurrió cuando se derogó la ley seca que prohibía el consumo de licor.

Las prohibiciones de venta de tabaco cerca de los colegios se burlarán y surgirán arreglos corruptores con los inspectores. Es un clásico, pero no por nuestros inteligentes políticos, quienes tampoco ven que la prohibición de vender cigarrillos sueltos castiga a los más pobres. Muchos pequeños empresarios pasarán a la clandestinidad, que es lo típico del exceso de regulaciones.

Lo natural es que los dueños de centros comerciales y restaurantes ofrezcan sus servicios, con o sin humo, y que las personas elijan. Si no les gusta que fumen, se van al local del lado. Y en relación con los acompañantes menores, eso es asunto de los padres.

En mi colegio de curas conservadores había un rincón del patio donde los adultos no se metían. Era el lugar, junto con los baños, donde unos pocos fumaban. ¿Habría que facultar a los carabineros para que irrumpan en los baños? Era como en la universidad, donde el concesionario del casino vendía licor, pero sólo a los iniciados y dirigentes.

Muchos espectáculos se resentirán por la desaparición de los auspicios tabacaleros. ¿Y quién pagará? Bueno, los que gustan del deporte y de la cultura.

El costo de estas leyes inútiles debiera descontarse de los sueldos de los parlamentarios y, muy especial, de los médicos, que –como me decía uno de ellos– piensan con el corazón y no con la cabeza. Y cuando estas leyes fracasen, espero que no propongan la pena de muerte para los fumadores.
Nuestra tendencia a regularlo todo termina con la libertad, el desarrollo y reduce el ingreso, en especial de los pobres. Lo del tabaco es sólo un paso más, que sigue a la represión educacional, comercial, ambiental, de la salud, del emprendimiento, de la construcción, del transporte y de cuanto hay.

Bardón no piensa bajar de 30 puchos al día

Reportaje en La Cuarta.

"Un huevoncito del Parlamento no puede restringir mi derecho", pitea economista

¿ANARKOLIBERAL?. A Bardón le cargan las leyes, porque sólo restringen las libertades individuales dice. Relajado el hombre.

En una semana comenzarán a regir algunas de las nuevas normas que regulan el consumo y la publicidad del tabaco, que entre otras funcias prohíbe fumar en un montón de lugares compartidos, obliga a los restoranes a separar ambientes y dispone que la mitad de la cajetilla loree sobre los males que acarrea el pucho.

El economista Álvaro Bardón fumando espera que parta la ley que califica de "aweonada" y "totalitaria", porque cree que no cumplirá ninguno de sus objetivos.

Ex capi del Banco Central durante el gobierno de Pinochet, es un ultraliberal famoso por no tener ni un miserable pelo en la lengua, recomendar la despenalización de las drogas y encender su ventilador cada vez que en una grabadora se aprieta play. Así lo hicimos y opinó "que las leyes antitabaco son bien inútiles, tienen más costos que los beneficios. Esas legislaciones requieren controles, entonces con mis impuestos y los tuyos van a contratar a unos giles pa' que anden persiguiendo a la gente de trabajo a ver si fuma".

Confiesa que echa humo desde los 15 años y se zampa en promedio unos 30 cilindros nicotinosos al día, pero dice que es su problema, "porque nos crearon libres y no puede venir un huevoncito del Parlamento a restringir tus derechos".

Para Bardón la solución que podría desincentivar a las chimeneas con patas como él es la educación, porque la gente desde chica tendría conciencia de lo peludo que es fumar.

"DIOS DIJO"

Como don Pucho se peina con los fríos números, le preguntamos por qué en Chilito hay gente que nada en billetes mientras la gran mayoría anda a patás con las lauchas. Bardón considera que "la desigualdad en el ingreso tiene mucho que ver con la Ley Laboral que genera una enorme inactividad y desempleo por el exceso de regulaciones que limitan el emprendimiento. Si, por ejemplo, en Chile quieres salir a taxear, no puedes. Si tienes ese tipo de leyes no es raro que la gallada esté pobre si no la dejan salir a vender tortillas".


-¿Por eso está en contra del salario mínimo?

- El salario mínimo legal genera desempleo entre la gente pobre. Si pones un salario mínimo de 120 mil pesos y llega un curadito acá y me ofrece barrer la vereda por 5 lucas, yo no podría aceptar. Eso está prohibido. Es un desastre.


- Dios creó al hombre libre y le dijo "tienes que ganarte el pan con el sudor de tu frente", y para eso tienes a tu disposición los recursos naturales. El problema tuyo es aprovecharlos. Si te quieres ir al cielo tienes que ejercer tu libertad con responsabilidad. Ése es el mensaje de la Biblia que olvidó la mitad de los curas.

- ¡Glup!

- Yo les enseñaría a los cabros chicos que Dios los creó libres para todo.