sábado, 15 de diciembre de 2007

El socialismo no sirve

Los socialistas no consiguen el desarrollo económico y social porque no entienden que el progreso lo logran las personas interactuando en un ambiente de libertad y de respeto por la propiedad, los contratos y la palabra empeñada.

Cada persona tiene sus capacidades y habilidades obtenidas de variadas formas. Estos individuos creando, produciendo, trabajando e intercambiando consiguen ingresos, pero sólo si, a su vez, satisfacen las necesidades de los demás. Al trabajador no lo contratan por sus lindos ojos, sino porque hace un aporte a la producción. Y el empresario más sinvergüenza no conseguirá utilidades si su producción no es demandada por los consumidores. Si éste repudia el servicio, por mala calidad o precio alto, el capitalista saldrá del mercado desplazado por la competencia.

La competencia es cada vez más intensa, en especial por la globalización, y significa precios más bajos, mejor calidad, desarrollo, empleos y aumento del bienestar. Genera progreso técnico y mayor productividad, con el consiguiente aumento de las remuneraciones y la reducción de la pobreza. Todo esto sin que el Estado se meta, excepto en hacer respetar las leyes. Las habilidades y el conocimiento lo tienen los individuos, y sólo se podrán aprovechar "socialmente" si se les deja interactuar con libertad en los llamados mercados, que no son algo cruel, frío, misterioso, determinista ni impersonal, como creen muchos políticos, intelectuales y hombres de Iglesia, sino las propias personas que, al intercambiar de todo, generan los precios. Estos son pura información para consumidores, productores, comerciantes y trabajadores, información que se pierde cuando las autoridades, desde presidentes elegidos a monarcas absolutos, pasando por variados dictadores, intervienen fijándolos, con regulaciones, impuestos, aranceles, regalos a grupos de interés o prohibiciones, siempre con muy nobles propósitos, en la ilusión de proteger a desvalidos o guiar a personas que consideran como incapaces o menores de edad.

Así, los precios se distorsionan y los recursos escasos, comenzando por las personas, se asignan mal y las sociedades dejan de crecer, llegando, en el extremo, a modalidades tribales o primitivas, con la pobreza consiguiente. Los gobernantes, por más sabios que sean, nunca lograrán juntar en una oficina central la información y el conocimiento dispersos en millones de individuos y por eso la planificación central falla siempre.

La dinámica del mercado libre no se puede copiar y la pretensión de programar a partir de precios que en la realidad sólo duran un segundo está condenada al fracaso. Es lo que ocurre en Chile en las áreas donde el Estado es activo, como la educación y la salud. Y es lo mismo que ocurría en el pasado, cuando los gobernantes llegaron a fijar hasta el precio de las misas cantadas. La libertad es riesgo, y esto es otra cosa que los socialistas no comprenden y tratan de evitarlo, legislándolo todo. La verdad es que no estamos en el Paraíso y que todo es imperfecto, pecaminoso y riesgoso, los mercados incluidos. En estos, lo razonable es ampliar la competencia con el objeto de eliminar las trabas, generalmente derivadas de leyes e intervenciones oficiales.

El riesgo y la desigualdad son propios de la condición humana, desde que Adán comió el fruto prohibido. Sin ellos no habría desarrollo, como en el Paraíso, donde en lo material se trataba de un equilibrio de estado estacionario.

Los individuos van reduciendo los riesgos y la desigualdad, en la dinámica de los mercados productivos o mediante la solidaridad, atributo personal -no social-, que se desnaturaliza cuando se estatiza, como les gusta a los socialistas de todos los partidos, incluyendo a algunos sacerdotes que olvidaron todo lo relativo al pecado original.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Totalitarismo educacional

Ineficacia y adoctrinamiento

En realidad, la gran reforma universitaria en Chile se hizo hacia 1980, cuando se abrió la educación superior a los privados y la competencia. Hubo un salto importante en lo tecnológico.

La creciente presencia del Estado en la educación explica su mala calidad, los altos costos, su falta de dinamismo y la menor libertad, creatividad e "inteligencia" que se aprecian a diario. Los jóvenes pierden su personalidad y se convierten en entes menos pensantes y más irresponsables, a partir de repetir la equivocada verdad oficial, apartada de la libertad y sometida a la clásica tontería latinoamericana de que el Estado es Dios, por lo que nos debe regular y manejar, ya que todos somos tontos de capirote. Es la tiranía y ruina de Fidel y de Chávez, los ídolos de nuestra izquierda.

Meterle todavía más dinero a la educación, sin reformas liberales ni la eliminación del poder ministerial ni de los intereses corporativos del Colegio de Profesores, es de "latinos", de ésos con los que a nuestros gobernantes les encanta hacer acuerdos comerciales y reunirse en fiestas o "shows" con discursos sin fin.

Es una vergüenza que nuestros educadores, intelectuales, políticos y "progresistas" no protesten por el creciente totalitarismo educacional. A lo Stalin, tenemos programas, pruebas y textos oficiales de corte monopólico, y una formación estandarizada de profesores que aprenden pedagogía y tonterías seudosociales, pero no sus materias. No hay, en la práctica, libre formación ni libre entrada a "la producción de educación", ni menos una política de apertura franca al exterior ni de fomento a la formación en los hogares y familias, modalidad de gran éxito en otros países. Y a los municipios les amarran las manos y los financiamientos.

El Estatuto Docente de Chile es el mayor atentado contra la calidad porque la inamovilidad y los sueldos fijos a todo evento incentivan el ocio y la mala docencia, al igual que los nombramientos políticos de directivos. El colmo parece ser que un buen ingeniero tiene "prohibido" enseñar matemáticas, porque no pasó por los exámenes pedagógicos.

Esta "democracia" totalitaria uniforma universidades, las que, para captar dinero estatal, deben aceptar las pruebas oficiales y acreditaciones en aumento, que limitan la competencia y la calidad, así como la libertad de enseñanza. Ésta tiende a desaparecer, lo que configura una dictadura que se refuerza en estos días con una superintendencia que puede cerrar los establecimientos que no gusten a los gobernantes, entre los cuales estarán en breve los de línea religiosa, pro familia y otros "reaccionarios".

Las dictaduras valóricas y culturales son las peores de todas porque configuran prácticas totalitarias, con independencia de si los gobernantes son o no elegidos. En realidad, la gran reforma universitaria en Chile se hizo hacia 1980, cuando se abrió la educación superior a los privados y la competencia. Se formaron universidades como nunca y la población de estudiantes pasó de unos 100 mil a 600 mil: universidad para todos. Hubo un salto importante en lo tecnológico y la competencia forzó a la Universidad de Chile y a la Universidad Católica a aumentar las matrículas y mejorar la calidad como nunca antes. Se invirtieron en eso varios miles de millones de dólares. ¿Cuánto les costó eso a los ciudadanos y al Estado? ¡Cero!

Ahora, desde 1990, se han malgastado cuatro mil millones de dólares, pero la calidad empeora, excepto en la de nivel superior.

Por eso, ¡no más gasto en la educación, salvo en bonos! Pasemos los colegios a los padres, los profesores y fundaciones. ¡Libertad y competencia, no más totalitarismo!

lunes, 10 de septiembre de 2007

Programa de gobierno liberal

Los ciudadanos libres, no protegidos ni pastoreados, haremos el progreso. No vote por los cuentistas de la redistribución fracasada


Para lograr con rapidez el desarrollo y eliminar la pobreza, vamos a dejar a los ciudadanos en libertad, sin tutelas ni amarras.

Abriremos la economía, eliminando los aranceles y protecciones a productores en lo agrícola, industrial, financiero, en los llamados acuerdos de “libre comercio”, coches usados y todo lo demás.

Suprimiremos las aduanas y tendremos fronteras abiertas a capitales y personas, incluyendo a los profesionales. Y vamos a dolarizar la economía. Dejaremos el IVA y un impuesto parejo a los ingresos de 12 por ciento, y eliminaremos las exenciones, contribuciones, timbres y estampillas, herencias y todos los demás robos tributarios. Sólo con esto, el ingreso real de los pobres aumentará –fácil– en 10 por ciento, sin afectar el presupuesto porque se reducirá la evasión.

En adelante, los contratos laborales serán voluntarios para las partes y así lograremos el pleno empleo, como ocurre en todos los mercados libres, que se equilibran solos.

Además, habrá libre emprendimiento, sin trámites municipales, estatales, tributarios o laborales, y la papelería inútil se eliminará. Daremos tres años para cumplir con los burocratismos.

Habrá libertad de educación, sin programas, textos, acreditaciones ni pruebas oficiales. Los apoderados y propietarios elegirán un directorio y los colegios competirán, lo que mejorará la calidad ahora, como ocurre en todos los mercados y como se vio en Nueva Zelanda. Las universidades serán autónomas y se entregarán bonos para la demanda de pobres, reasignando los recursos hacia los niveles básico y medio.

Con pleno empleo, libre emprendimiento, apertura y educación de calidad, saldremos del subdesarrollo, mejorando la distribución del ingreso; sobre todo, si se incentivan la pareja estable y la caridad, y se extiende y defiende la propiedad de los pobres contra el crimen.

En salud, haremos lo mismo. Y, con los enormes recursos que se ahorrarán –piense en el gasto “social” desde 1990, sin mayores beneficios–, daremos un monto por carga familiar a todos los hogares pobres. Si falta plata, cerraremos las oficinas, programas, regalos de dinero y ministerios que están de más.

El patrimonio de todos los ciudadanos se lo devolveremos, para aprovecharlo: tierras, aguas, islas, bosques, termas, orillas de lagos, playas, reservas mineras, estuarios y empresas estatales, tales como ferrocarriles y bancos del Estado. Igualmente en lo ambiental, donde el crecimiento, los derechos de propiedad, las reglas simples de protección y el uso de tribunales deben reemplazar al prohibicionismo vigente.

En política, apertura y competencia, con libre entrada, Estado neutral, prohibición de reelecciones y gastos reservados, altos quórum para leyes represivas –como las tributarias o las contrarias a la libre empresa– y una suerte de federalismo, con regiones y municipios con poder y autonomía. Una verdadera reforma del Estado.

La libertad requiere de responsabilidad y respeto por los demás. El Estado debe hacer bien lo que hoy hace mal: velar por los derechos ciudadanos, libertad, propiedad, cumplimiento de los contratos, seguridad y justicia de verdad, disuasivas de los delitos. No más leyes represivas inútiles y costosas en lo cultural, parejas y drogas, para así reducir gastos, líos y crímenes.

Los ciudadanos libres, no protegidos ni pastoreados, haremos el progreso. No vote por los cuentistas de la redistribución fracasada, sino por...

jueves, 30 de agosto de 2007

Todos sabemos que la gallada fuma marihuana, pero escondida

Entrevista en Las Ultimas Noticias

Profesor de la Universidad Finis Terrae considera que fumarse un “pito”, un cigarrillo o tomar café es lo mismo.

El economista y profesor de la Universidad Finis Terrae Álvaro Bardón se queja, con ironía, de que cada vez que repite su idea de legalizar la marihuana, recibe una avalancha de recriminaciones.

“Cuando uno hace declaraciones de este tipo, son puros costos. Creen que uno anda promoviendo una pernición social colectiva”, argumenta.

Por estos días, sus planteamientos sobre el tema se insertan plenamente dentro de la contingencia, luego de que el cantante Quique Neira fumara algo muy parecido a un pito de cannabis sativa en el escenario del Festival de La Serena. “Para mí es lo mismo que haya sido tabaco o marihuana, ambos son drogas. La única diferencia es que uno es legal y la otra no”.

-¿Le parece una provocación o le resulta indiferente?
-La gente lo fue a ver y si no le molesta que fume, no hay ningún problema. El café, el alcohol y el tabaco son lo mismo, con la única diferencia de que a los norteamericanos a principios del siglo XX se les ocurrió prohibir la droga, así como prohibieron el trago.

-De todas formas hubo molestia.
-Si su público le acepta eso, no hay problema. Ahora, aparentemente la gente ha desarrollado cada vez más repudio frente a los que fuman.

-Los fumadores están arrinconados.
-La gente tiene libertad para hacer lo que quiera mientras no afecte la libertad de los otros. Si en el patio de una universidad la comunidad cree que fumar no molesta a los demás, se puede fumar.

-¿En su universidad los alumnos fuman pitos?
-No, no, si la marihuana en este país está prohibida dentro o fuera de la universidad. Todos sabemos que la gallada fuma, pero escondida.

-¿Es inútil prohibirla?
-Se cree que como está prohibida, no hay drogadicción, pero eso es una boludez. Los políticos e intelectuales se hacen los lesos, pero la prohibición del consumo de drogas no funciona.

-¿Qué tendría que pasar para abrir el debate en Chile? ¿Más Quiques Neiras?
-En la medida que la gente los tome bien, estos actos pueden favorecer una buena discusión. Y eso sería positivo, porque estos temas hay que conversarlos. Además, los políticos y los medios de comunicación deberían estar más dispuestos a debatir el tema.

-A todo esto, ¿usted ha fumado o fuma marihuana?
-Nunca he probado drogas ilegales. Antes tomaba, pero ahora me hace mal. Fumo, pero no en clases, desde que una vez una alumna me lo pidió. La gente cree que yo hablo de estos temas porque ando drogado. Ésas son tonteras.

domingo, 26 de agosto de 2007

Droga: ¿guerra o humanismo?

La guerra contra la droga fracasa porque la represión de los mercados no funciona. ¿No se acuerda de las colas de los países comunistas? Si se fija un precio o se prohíbe la producción, el consumo, la entrega de insumos, el comercio o el uso del dinero mal habido, aparecen de inmediato mercados negros, muy eficientes, y los delincuentes ganan fortunas con las que pagan ejércitos de vendedores, financian políticos, compran jueces, banqueros y policías, apoyan guerrilleros. Pueden destruir países, como Colombia, y hasta subcontinentes, como podría ocurrir con Sudamérica.

Si se trata de reducir la drogadicción, se debe convencer a la gente de que no consuma, en el colegio, los hogares y el trabajo. Y a los viciosos se trata de mejorarlos y no de perseguirlos, echándolos de colegios y trabajos o metiéndolos a la cárcel.

No se debe repetir el fracaso de la prohibición. La clandestinidad mata más gente que la droga misma, por la mala calidad, los aditivos, las peleas por abastecerse y por los territorios, los crímenes por dinero, la delación y las malas estadísticas que confunden. Además, la policía, dedicada a las drogas, deja de atender los delitos clásicos, asaltos, robos, asesinatos. ¿No estará pasando esto en Chile?

El dinero estatal, que nos sacan por la fuerza, se desvía a policías, jueces, cárceles, Consejos de Defensa del Estado y especialistas financieros, que tienen que pillar a contables, banqueros, financistas y abogados que de tontos no tienen un pelo. Dicho dinero sería mejor aprovechado en información, prevención, educación, fortalecimiento de la pareja, el Hogar de Cristo o centros de rehabilitación.

En las cárceles chilenas no hay peces gordos lavadores o traficantes. Hay, en cambio, madres pobres que abandonan a los hijos, jóvenes mal educados a quienes se les arruina su vida y, claro, uno que otro delincuente verdadero, de esos que roban y asesinan. Como dice el profesor Peterman, "este chancho está mal pelado".

En vez de copiar el fracaso norteamericano, que por lo demás comienza a revisarse, sería mejor aprender de los holandeses, que han controlado el consumo de drogas duras y bajado el Sida. Los enormes recursos estatales deben dirigirse a la prevención y a la salud. La drogadicción es un tema de salud, privada y pública, y no policial, criminal o de jueces. Los funcionarios de esta guerra no tienen incentivos para ganarla, porque perderían el trabajo, y sólo les convienen ciertos decomisos y algunos presos menores. Son, finalmente, seres humanos, al igual que sus jefes y agentes políticos, que aparecen en la televisión cada vez que logran algo. Ya casi no salen.

¿Por qué el gobierno no explica la lógica de la guerra contra el narcotráfico? No ha reducido el consumo, las mafias y la corrupción crecen y nos sacan más plata, al mismo tiempo que aumentan la burocracia y el crimen tradicional. Sobre la vergüenza moral de que los funcionarios nos digan qué consumir, nos trajinen cuentas corrientes y operaciones comerciales y nos violen la propiedad privada, mejor ni hablar, ya que interesan poco en esta parte del mundo.

Antes de que terminemos todos en la ruina y presos en las cárceles, que ahora habrá que privatizar para que quepamos, sería bueno pensar en la opción humanista de tratar a los enfermos como personas.

Álvaro Bardón

martes, 21 de agosto de 2007

Carta abierta a María Luisa Velasco




Esta semana fue dejada en libertad bajo fianza María Luisa Velasco (71), quien fue detenida el 14 de febrero, por tener en su casa del barrio San Damián, en Las Condes, 44 matas de marihuana y un kilo de esa droga procesada. Sus familiares aseguran que era para consumo privado. Un reconocido partidario de la legalización de la cannabis, el economista Álvaro Bardón -"Chicago Boy" y ex presidente del Banco Central-, decidió entrar al debate, enviándole esta carta a Velasco.

Sra. María Luisa:

Lo que a usted le ha ocurrido es nada más que el duro reflejo de la política represiva sobre los derechos personales que crecientemente se ha puesto en marcha en este país. Considerando que es ciudadana mayor de edad, ningún político o poder estatal tiene derecho a decirle a usted lo que puede o no puede consumir.

Más aún cuando se trata de una represión que impide curar males y enfermedades de las personas, empleando métodos que se vienen usando desde hace 3 mil años. Después que han acompañado a los seres humanos desde siempre, sin ningún problema, en el siglo XXI se les ocurre reprimir el consumo de las drogas que tienen efectos médicos positivos.

Siguiendo con estos criterios represivos, la Santa Misa, que se hace con vino, sólo por citar una práctica, también debería ser censurada en Occidente.

El prohibicionismo ha sido un fracaso en todo el mundo, al igual que lo que llaman "la guerra contra el narcotráfico". Nosotros, los chilenos sin imaginación, nos hemos limitado a copiar las tonteras que hacen los norteamericanos y ahora vamos a tener que duplicar las cárceles después de la última reforma a la ley de drogas para poner en ellas a madres de poblaciones de bajos ingresos y a jóvenes a los que vamos a liquidar su vida.

En EEUU, ya hay diez estados que han aceptado el uso de la marihuana con fines terapéuticos, tal como ocurre en países europeos. Hasta ahora no hemos sido capaces de imitar el ejemplo de los holandeses, los únicos que han tenido algún éxito en la materia. Cuando la mitad más uno de los estados del país del norte hayan aceptado esto, entonces recién ahí nosotros copiaremos.

Los diversos gobernantes nos han dicho que no tenemos problemas al respecto y que vamos progresando: eso es una soberana mentira. A nosotros nos está ocurriendo lo mismo que siempre sucede cuando se reprime la libre conducta de los adultos.

Si uno lo piensa con calma, la gente que por su edad sufre diversos males debiera tener completa libertad para vivir el resto de sus días de buena manera y no sometido a la arbitrariedad de políticos, médicos y expertos que no entienden que la esencia de la democracia es la libertad de las personas.

María Luisa: usted es un ejemplo de la línea que se debe seguir en esta materia en Chile.

He de esperar que las molestias que ha sufrido sirvan para que nuestros políticos piensen con la cabeza y no con el intestino u otras presas.

Estimada María Luisa, la voy a invitar a que presentemos un proyecto en que nosotros, los mayores de 60 años o los jubilados, tengamos completo derecho a hacer lo que se nos ocurra con nuestras vidas.

Álvaro Bardón